viernes, 4 de noviembre de 2011

Broken Trail (Los protectores)


Ya comentábamos anteriormente que últimamente el mejor cine hoy día es el que podemos encontrar en la pequeña pantalla a través de las muchas excelentes series televisivas, con la productora HBO a la cabeza. La obra que hoy nos ocupa, no es una excepción a esta regla, y es que si bien en la última década se han estrenado varios westerns con resultado irregular, los más interesantes no lo han hecho en pantalla grande.  Uno de ellos ya lo comentamos anteriormente, la excepcional serie Deadwood. El otro, que desgranaremos a continuación es la muy recomendable miniserie televisiva Broken Trail.


Broken Trail o Los protectores se trata de una producción compuesta por dos episodios de hora y media cada uno estrenada en 2006 y dirigida por el inconstante Walter Hill, un habitual realizador de westerns en cuya filmografía destaca la excelente Forajidos de leyenda y que también se ocupó de dirigir el episodio piloto de la ya mencionada Deadwood.

La historia de estos protectores se sitúa en 1897, cuando el curtido vaquero Print Ritter (Robert Duvall) emprende un viaje desde Oregon hasta Wyoming junto a su sobrino Tom Harte (Thomas Haden Church) para vender una manada de caballos. En el camino darán con todo tipo de personajes variopintos, de los que destacan unas jóvenes chinas cuyo destino es ser vendidas para el negocio de la prostitución, de las que por principios éticos terminarán haciéndose cargo.

Viendo Broken Trail uno tiene la sensación de que nada le falta o sobra, sino que todo permanece en su justa medida. Es una historia redonda cuyas excelencias radican sobre todo en los personajes y en cómo están tratadas las relaciones entre ellos, con naturalismo, delicadeza y autenticidad y huyendo del sentimentalismo o el dramatismo fácil y gratuito, destacando la interacción entre los personajes de Duvall y la prostituta encarnada por la actriz Greta Scacchi, ambos fantásticos en sus papeles y sin que el resto del reparto desciendan el alto nivel interpretativo.

Por último señalar que la producción fue premiada con cuatro Emmys, con los galardones de mejor miniserie. mejor actor (Duvall), mejor actor secundario (Haden Church) y mejor reparto.

Enlace a la crítica de Javier Marías en "El País"

viernes, 25 de febrero de 2011

True Grit (Valor de ley)


Si siempre es bien recibida la noticia de la realización de un western en los tiempos que corren, cuando uno se entera además que va a ser filmado por los brillantes Joel y Ethan Coen, uno empieza ya a augurar grandes cosas. Y si además se trata de una nueva adaptación (la palabra remake tiene unas connotaciones negativas) de la novela de Charles Portis True Grit con el inmeso Jeff Bridges como protagonista, uno no puede más que desear que pase el tiempo rápidamente para poder ir a verla cuanto antes.

Valor de ley es la entrañable historia de Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una niña tozuda de catorce años que para vengar la muerte de su padre a manos de Tom Chaney (Josh Brolin) contrata a un alguacil de gatillo fácil, Rooster Cogburn; un hombre achacoso, alcoholizado y tuerto, que malvive en la trastienda del almacén de un chino. Juntos, junto con el ranger de texas  LaBoeuf (Matt Damon), emprenderán un viaje para detener a Chaney y que éste pague por sus crímenes.

Es dificil no comparar esta película con la anterior versión realizada por Henry Hattaway allá por 1969. Y es que aquella era una película deliciosa, una pequeña joya, por la que John Wayne vió recompensada su carrera con la obtención de la estatuilla dorada en un acto de justicia histórica. Sin embargo, tengo la certeza de que los Coen han superado a su predecesora, creando una historia dotada de emoción desde las primeras notas de la excelente música de Carter Burwell y la voz en off que da inicio a la película. Una aventura salpicada por muchos momentos llenos de humor y grandes diálogos, en la que sobresale como era de esperar el inmenso Jeff Bridges, hasta el punto que no sabría decir si supera la actuación de mi admirado Duke.  Un placer que merece la pena contemplar en pantalla grande rodeado de amigos con espuelas.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Cheyenne Autumn (El gran combate)


Era el año 1964 cuando a la edad de 70 años, el genial John Ford decidió poner punto y final a su andadura en el género del western, en la que sería también su penúltima película. Lo hacía con una historia épica y humana, en la que narraba la odisea realizada por el pueblo Cheyenne en 1878 al abandonar la reserva de Oklahoma en la que estaban confinados en condiciones de vida pésimas, hartos de las reiteradas promesas incumplidas de los dirigentes estadounidenses y dirigiéndose a sus tierras natales en la región de Yellowstone, en un trayecto  de varios miles de kilómetros.

Si bien el propio Ford ya había tratado antes la problemática india (Dos cabalgan juntos, Centauros del desierto...) aquí el tema es abordado desde una óptica distinta, mucho más profunda, evitando el maniqueísmo, dando lugar a una enorme reivindicación del pueblo indio. Y es que aquí, son los hombres blancos los que arrancan cabelleras.

La película está rodada en un tono pausado, en la que destacan sobre todo la belleza de sus imágenes, para lo cual Ford escogió una vez más las ya míticas localizaciones del Monument Valley, en Utah. Un ritmo lento que no hace sino acentuar el dramatismo y la angustia del viaje sin retorno de los cheyennes, una travesía marcada por factores como el hambre, el frío, la desesperanza y la desolación.

Para esta última aventura, Ford contó con un reparto espectacular, cuyo protagonismo recae principalmente sobre un excelente Richard Widmark. Destaca también el buen papel realizado por el gran y habitual secundario, Karl Malden, así como la breve aparición de Edward G. Robinson, mientras que la presencia del impecable James Stewart en una suerte de interludio cómico, si bien siempre es bienvenida, no encaja muy bien con el resto del conjunto.

Cuentan que John Ford no acabó del todo satisfecho con el resultado de esta obra. Distintos problemas con la productora, que se tradujeron en recortes sobre el metraje de la cinta y en la imposición de estrellas hispanas (Ricardo Montalbán, Dolores del Río, Sal Mineo) en lugar de nativos indios como deseaba el propio Ford, hacen que quizá, aun siendo una notable película, no se encuentre entre los más aclamados trabajos de Ford.  

En todo caso, se trata de un filme más que interesante, constituyendo el mayor alegato sobre el pueblo indio realizado por mucho tiempo. No fue hasta el año 1990, cuando pudimos ver algo similar, con la hermosa película dirigida por Kevin Costner, Bailando con lobos.

sábado, 30 de octubre de 2010

Ser o no ser


Shakespiriana escena en Pasión de los fuertes.

Ser o no ser

domingo, 15 de agosto de 2010

Río Bravo



Un Dean Martin desaliñado entra en un saloon tambaleante y tembloroso. Su mirada es la de un borracho. Un tipo sonriente en la barra le hace un gesto. El tipo enseña una moneda y la tira en una escupidera. Después de dudar un momento, Dean se agacha a recogerla. En ese momento, alguien da una enorme patada a la escupidera mandándola bien lejos. Es John Wayne. Y así comienza Río Bravo.

Río Bravo es la historia de unos hombres empeñados en defender la ley aun a riesgo de sus vidas. Unos hombres encabezados por del sheriff  John T. Chance (John Wayne) que serán acorralados por los hombres del rico terrateniente Nathan Burdette (John Rusell), cuando el sheriff mete en la cárcel al hermano de éste tras haber asesinado a un hombre desarmado. Ante la manifiesta superioridad de los hombres de Burdette, deciden aguantar el asedio hasta que se produzca la llegada del juez, que tardará al menos seis días. Y aguantarán firmes, como una familia.

A diferencia de Sólo ante el peligro aquí todos tratarán de ayudar al sheriff y será éste quien rechace tales ofrecimientos. Sólo aceptará la ayuda de aquellos en los que tiene plena confianza. El grupo no puede ser más variopinto: su alcohólico ayudante Dude (Dean Martin), el viejo tullido de Stumpy (Walter Brennan), el joven Colorado Ryan (Ricky Nelson) y Feathers, la viuda de un jugador (Angie Dickinson). Cada uno de ellos tiene su propia historia.

John Wayne está sobrio en su papel de marshall, como hombre que no huye de sus responsabilidades y que no quiere poner en peligro la vida de los demás. Un tipo que no se atreve a comprometerse con una mujer porque no quiere dejar una viuda e hijos huérfanos. En cuanto a Dean Martin, es el auténtico alma de la película. Y es que quizás su historia sea la más interesante. Su interpretación de gran tirador en horas bajas y alcoholizado al que ya nadie respeta es soberbia y la química con Wayne, estraordinaria. Destaca también, como no, el gran Walter Brennan, en su rol de anciano que quiere demostrar que sigue siendo útil. Ricky Nelson es quizás lo más flojo de la película, aunque no desentona demasiado en el conjunto y Angie Dickinson se muestra muy convincente. Tampoco podía faltar el ya imprescindible secundario Ward Bond, en un papel algo pequeño ésta vez.

Howard Hawks merece un capítulo aparte. Uno de los mejores directores que ha dado Hollywood, dirigiendo obras maestras prácticamente en todos los géneros y que sin duda nos ha legado dos o tres de los mejores westerns de todos los tiempos. Río Bravo sería su segunda incursión en el género del western y la mejor sin duda de todas ellas. Antes había dirigido ya Río Rojo y completaría la conocida como trilogía del río, con Río Lobo, su último western. Antes, todavía tuvo tiempo para autoplagiarse con el gran film El Dorado. 

Por último, sería delito pasar por alto la excelente banda sonora a cargo de Dimitri Tiomkin, uno de los grandes compositores que ha dado el cine clásico norteamericano y en particular el western. Y sería condenable también no mencionar la escena musical de Dean Martin cantando junto a Ricky Nelson. Una escena de esas que archivan tus pupilas como uno de los grandes momentos del séptimo arte.

Resumiendo, cuando hablamos de Río Bravo hay que resaltarlo como uno de los mejores exponentes del género. Una absoluta y rotunda obra maestra en la que encontramos muchos de los elementos del llamado western clásico. Una película en la que como dice el personaje de Wayne oleremos todos a pólvora antes de que todo esto acabe. Una obra hecha con corazón y espíritu. Cine con mayúsculas.

Ficha en imbd

Crítica en FilmAffinity

viernes, 6 de agosto de 2010

Cruzando el Missouri


El amigo Clint Eastwood en la película El fuera de la ley (Outlaw Josey Wales, 1976) en una escena fiel a su personaje de tipo duro.

Click aquí para ver vídeo

lunes, 26 de julio de 2010

Deadwood




En los últimos tiempos, muchas de las mejores noticias que le han ocurrido a la televisión y casi que diría que al cine, han venido de la mano de la cadena de televisón estadounidense de pago HBO. La lista de éxitos es enorme: Los Soprano, A seis metros bajo tierra, Roma, True Blood, Hermanos de Sangre, The wire, Curb your enthusiasm... y la serie que nos ocupa, la espléndida Deadwood.

Deadwood relata la vida cotidiana de una ciudad fronteriza situada en territorio indio durante la década de 1870. Una localidad en continua evolución marcada por la fiebre del oro,con un promedio de una muerte al día, donde no hay ley ni gobierno y en la que se estimaba que el 90% de las mujeres eran prostitutas.

Alejada de cualquier tópico sobre el western y en medio de un realismo extremo y una ambientación sobresaliente, la trama se centra en el día a día de la localidad, su tránsito hacia la civilización y en  la disputa  por el poder. Por Deadwood desfilan personajes históricos, como Wild Bill Hickock, Calamity James o George Hearst, y otros ficticios, donde todos luchan por sus intereses y en muchas ocasiones por su supervivencia.

En el apartado de las interpretaciones resalta un nombre propio: Ian McShane. Su actuación es realmente impresionante, dando vida a un personaje inolvidable y realmente magnético; el maquivélico cabronazo de Al Swearengen. Un tipo que deseas que aparezca en cada fotograma y que es el verdadero amo de la serie. Destaca también Keith Carradine en el papel de un hastiado Wild Bill así como la gran mayoría de secundarios que resultan muy convincentes. En el lado negativo, Timothy Oliphant tan sólo resulta correcto y poco más.

Aclamada por la crítica y galardonada con 8 premios Emmy y un Globo de Oro, la serie, creada, producida y escrita en su mayoría por David Milch fue emitida por primera vez en Marzo de 2004 y estuvo en antena hasta Agosto de 2006, siendo cancelada al término de su tercera temporada debido a su alto coste. Una medida que posteriormente ha sido catalogada por la propia HBO como uno de sus mayores errores cometidos.

Ficha en imbd

Crítica en FilmAffinity